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Armas terroristas; Bombas (IED)

Armas terroristas; Bombas (IED)


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Armas terroristas; Bombas (IED)

Una de las armas preferidas del terrorista moderno (e histórico) es la bomba o artefacto explosivo improvisado (IED). Como arma terrorista, las bombas son perfectas, lo que permite al terrorista atacar a una distancia considerable con un gran efecto destructivo y, lo más importante, no estar cerca cuando estalla la bomba. Las bombas son ideales para ataques llevados a cabo para la Propaganda de la Escritura, ya que pueden ser muy destructivas, pero mediante el uso de advertencias codificadas, los terroristas pueden optar por reducir o incluso eliminar las bajas civiles. La idea de que el terrorista advierta deliberadamente a la policía de una bomba puede parecer extraña al principio, pero si se considera que la mayoría de los terroristas están tratando de hacer un punto político y quieren la máxima interrupción pero pocas muertes, entonces tiene sentido advertir a las autoridades. Por supuesto, tales advertencias pueden salir mal incluso con un sistema de códigos utilizado, por ejemplo, por la IRA para ayudar a garantizar que cualquier amenaza de bomba se tome en serio y pueda separarse de las bromas. Un buen ejemplo de esto es el atentado de Manchester del 15 de junio de 1996. La bomba fue diseñada para detonar en la hora pico de compras en el día del padre. Se emitieron varias advertencias a periódicos, estaciones de radio y un hospital al menos 1 hora antes de la explosión y la policía había comenzado a despejar el área 40 minutos antes de que estallara la bomba. A pesar de esto, la bomba de 3.000 libras hirió a más de 200 personas cuando detonó y fue la bomba más grande que estalló en Gran Bretaña continental desde la Segunda Guerra Mundial.

Lo sofisticado que sea el dispositivo depende del individuo u organización terrorista que lo hizo con dispositivos como 'Pipe Bombs' que son muy simples y otros muy complejos con trampas explosivas para evitar el desarme por parte de los servicios de seguridad. Algunas organizaciones como el IRA han tenido una larga trayectoria en la fabricación de bombas y pueden producir dispositivos muy sofisticados. Por lo general, las bombas se pueden activar de diversas formas, dependiendo de la habilidad del fabricante de bombas. Un temporizador de algún tipo es común y se puede configurar con muchas horas o incluso semanas de anticipación, esto tiene la ventaja para el bombardero de que puede estar muy lejos cuando la bomba detona, pero los temporizadores tan largos pueden ser propensos a fallar y cuanto más larga sea una bomba. deja en su lugar la mayor posibilidad de descubrimiento. Los detonadores de control remoto tienen un alcance limitado y el bombardero debe estar cerca, pero esto le permite cronometrar la detonación exactamente, por ejemplo, cuando pasa un automóvil en particular, pero tales dispositivos aumentan el riesgo de que el atacante sea atrapado después del ataque y son propensos a detonación temprana debido a interferencias electrónicas, incluidos los teléfonos móviles. Las bombas se pueden fabricar a partir de muchos productos domésticos, como herbicidas, fertilizantes y baterías, pero la mayoría de las bombas sofisticadas utilizan una pequeña cantidad de explosivo industrial como Semtex para activar una mayor cantidad de material explosivo de menor calidad, como cilindros de gas o explosivos caseros. Este fue el caso del atentado de Manchester descrito anteriormente y del atentado de los cuarteles de la marina estadounidense en 1983 en Beirut. El 23 de octubre de 1983, un camión cargado con cilindros de gas comprimido y 2000 libras de explosivos fue conducido al cuartel general del Primer Batallón 8º de Infantería de Marina de EE. UU., Iba a ser una de las explosiones de bombas convencionales más grandes de la historia. La detonación resultante mató a 241 marines y otro personal militar estadounidense y derrumbó el edificio de 7 pisos; este fue un ataque tremendamente exitoso desde el punto de vista del terrorista, ya que cambió para siempre la política estadounidense en la región.

Las bombas no tienen que ser grandes para ser efectivas, la bomba que destruyó el vuelo de Pan Am sobre Lockerbie el 21 de diciembre de 1988 probablemente estaba compuesta por un bloque de Semtex del tamaño de un bloque de 200 gramos de mantequilla. La descompresión explosiva resultante destruyó el avión y mató a 270 personas. Estos son los grandes titulares sobre bombas que todo el mundo recuerda, pero la mayoría de las bombas son mucho más pequeñas y están dirigidas a objetivos individuales, como personal militar o políticos. A menudo, estos se colocan en una cuneta al costado de la carretera y se detonan cuando pasa un vehículo o incluso se colocan debajo del asiento de un vehículo, lo que se activa al encender el vehículo. Los dispositivos más grandes se pueden colocar fuera de la casa del objetivo o en una instalación militar en un vehículo robado. Algunas organizaciones terroristas utilizan terroristas suicidas para conducir vehículos hacia las áreas objetivo. Estos conductores no siempre son mártires dispuestos, pero podrían haberse visto obligados a realizar un acto tan desesperado por amenazas a la vida de sus familias, el 'Sendero Luminoso' de Perú es una organización terrorista que ha utilizado esta táctica de mártires forzados.

Las bombas siempre han demostrado ser un arma terrorista ideal y un arma de los débiles contra adversarios mucho más fuertes a medida que entramos en el siglo XXI, los días del anarquista lanzador de bombas de principios del siglo XX han quedado atrás y nos enfrentamos a la amenaza, por remota que sea, de que los terroristas utilicen bombas para entregar cargas útiles biológicas, químicas o incluso nucleares, pero a pesar de que los medios de comunicación se centran en estas nuevas amenazas, el camión bomba tradicional todavía está con nosotros, como lo ilustra el ataque a la sede de la ONU en Irak el 19 de agosto de 2003. Lamentablemente, la amenaza de ataque de un terrorista suicida es muy real en muchas áreas del mundo.


Hombre de California arrestado en complot terrorista para detonar dispositivo explosivo diseñado para matar inocentes

Mark Steven Domingo, de 26 años, de Reseda, California, fue arrestado el viernes por la noche después de recibir lo que pensó que era una bomba real, pero en realidad era un artefacto explosivo inerte que fue entregado por un agente de la ley encubierto como parte de una investigación de la policía. Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo del FBI.

Domingo, un ex soldado de infantería del Ejército de Estados Unidos con experiencia en combate en Afganistán, enfrenta cargos federales en un complot terrorista en el que planeaba detonar un artefacto explosivo improvisado (IED) con el propósito de causar bajas masivas.

El Secretario de Justicia Auxiliar de Seguridad Nacional John C. Demers, el Fiscal Federal Nick Hanna para el Distrito Central de California y el Subdirector a Cargo Paul D. Delacourt de la Oficina de Campo de Los Ángeles del FBI hicieron el anuncio.

“Domingo, un ex soldado de infantería del Ejército de los Estados Unidos, quería usar artefactos explosivos improvisados ​​contra civiles inocentes y seleccionó componentes que harían que las bombas fueran aún más mortíferas para las víctimas a las que apuntaba”, dijo el Secretario de Justicia Auxiliar Demers. “Su arresto hoy mitiga la amenaza que representaba para otros en la comunidad de Los Ángeles. Quiero agradecer a los agentes, analistas y fiscales responsables de esta investigación y arresto ”.

"Esta investigación interrumpió con éxito una amenaza muy real planteada por un soldado de combate entrenado que declaró repetidamente que quería causar el máximo número de víctimas", dijo la fiscal federal Hanna. "Proteger a los estadounidenses de los ataques terroristas es la prioridad número uno del Departamento de Justicia, y cualquier persona que conspire para utilizar un arma de destrucción masiva deberá rendir cuentas".

"El individuo acusado en este caso quería llevar a cabo un ataque con víctimas en masa con artefactos explosivos, y pasó muy rápidamente de hablar de violencia a movilizarse para cometer tal ataque", dijo el subdirector Michael McGarrity de la División de Contraterrorismo del FBI. "Este caso debe recordarle al público la necesidad de estar alerta y notificar a las fuerzas del orden si observa un comportamiento sospechoso".

"Estoy muy contento de anunciar que interceptamos un posible ataque terrorista, en lugar de describir la respuesta del FBI a otra tragedia", dijo el subdirector Delacourt de la oficina de campo del FBI en Los Ángeles. “En ningún momento estuvo el público en peligro y actualmente no se conoce ninguna amenaza a la seguridad pública. Estoy muy orgulloso de los agentes y oficiales asignados a la Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo que diligentemente reunieron los recursos de nuestros socios encargados de hacer cumplir la ley en un corto período de tiempo y, al hacerlo, garantizaron la seguridad de los residentes del sur de California ".

“Puedo decirles, de manera inequívoca, que esta asociación, junto con nuestra capacidad de ser ágiles, finalmente resultó en la salvación de docenas de vidas inocentes en el sur de California”, dijo el jefe de policía de Los Ángeles, Michel R. Moore.

En una denuncia penal presentada por fiscales federales el 27 de abril de 2019, y revelada hoy, Domingo fue acusado de proporcionar e intentar brindar apoyo material a terroristas. Se espera que Domingo, quien ha estado bajo custodia federal desde su arresto, comparezca por primera vez esta tarde en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos.

Según una declaración jurada de 30 páginas en apoyo de la denuncia, desde principios de marzo Domingo “planeó y tomó medidas para fabricar y utilizar un arma de destrucción masiva con el fin de cometer asesinatos en masa”.

En publicaciones en línea y en conversaciones con una fuente del FBI, Domingo expresó su apoyo a la yihad violenta, el deseo de buscar represalias por los ataques contra musulmanes y la voluntad de convertirse en mártir, según la declaración jurada. Después de considerar varios ataques, incluidos judíos, iglesias y policías, Domingo decidió detonar un artefacto explosivo improvisado en un mitin programado para el fin de semana pasado en Long Beach. Como parte del complot, Domingo le pidió a su cómplice, que en realidad estaba cooperando con el FBI como parte de la investigación, que encontrara un fabricante de bombas, y Domingo compró la semana pasada varios cientos de clavos para usarlos como metralla dentro del IED.

“Domingo dijo que compró específicamente clavos de tres pulgadas porque serían lo suficientemente largos para penetrar el cuerpo humano y perforar órganos internos”, dice la declaración jurada.

Después de que Domingo entregó los clavos al operativo encubierto para usarlos en la construcción de la bomba, Domingo envió un mensaje el jueves indicando que la operación debía continuar, según la declaración jurada. El viernes por la noche, el operativo encubierto entregó múltiples dispositivos inertes, que Domingo creía que eran armas de destrucción masiva. Después de inspeccionar los dispositivos y viajar a un parque en Long Beach para vigilar la ubicación del ataque planeado, Domingo fue detenido.

Según la denuncia penal, Domingo publicó un video en línea profesando su fe musulmana el 2 de marzo, y al día siguiente hizo otra publicación en la que dijo que "Estados Unidos necesita otro evento en las Vegas" (refiriéndose al tiroteo masivo de octubre de 2017 en Las Vegas, Nevada). ) que les daría "una muestra del terror que con mucho gusto esparcieron por todo el mundo". Después de un ataque a una mezquita en Nueva Zelanda el 13 de marzo, Domingo publicó, "debe haber represalias".

En respuesta a las publicaciones, una “fuente humana confidencial” (CHS) del FBI inició una conversación en línea que resultó en una serie de reuniones en persona con Domingo. Durante la primera reunión, el 18 de marzo, “Domingo discutió con la CHS diferentes objetivos de un ataque, incluidos judíos, policías, iglesias y una instalación militar”, según la declaración jurada.

Durante las reuniones posteriores descritas en la declaración jurada, Domingo continuó expresando su deseo de cometer un acto terrorista, en algunos puntos contemplando disparar desde un vehículo con un rifle estilo AK-47 modificado que poseía, y en otros puntos considerando el uso de un artefacto explosivo improvisado. . Durante una reunión del 3 de abril, Domingo presuntamente expresó su apoyo a ISIS y dijo que "si ISIS 'viniera aquí', juraría lealtad a ISIS", según la denuncia.

El plan para apuntar a la manifestación tomó forma durante una reunión del 19 de abril, cuando Domingo llegó a una reunión con la CHS armado con un rifle estilo AK-47 "para demostrarle que hablo en serio", según la denuncia. Durante esa reunión, Domingo hizo referencia al atentado con bomba del Maratón de Boston y le pidió a la CHS que encontrara a una persona para construir un IED que, según él, podría causar 50 víctimas.

Durante varias de las reuniones, Domingo instó a la CHS a mantener el secreto, indicando que lo que estaban discutiendo eran "cargos federales" y "Infringimos la ley federal", según la denuncia.

Una denuncia penal contiene acusaciones de que un acusado ha cometido un delito. Todo acusado se presume inocente hasta que se pruebe su culpabilidad más allá de una duda razonable.

Si es declarado culpable del cargo de proporcionar e intentar brindar apoyo material a terroristas, Domingo enfrentaría una sentencia máxima legal de 15 años en una prisión federal.

Este asunto está siendo investigado por la Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo del FBI, que incluye agentes especiales del FBI y agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles. Los miembros de la JTTF que participaron en la investigación incluyen el Servicio de Investigación Criminal Naval, el Departamento del Sheriff del Condado de Los Ángeles y el Departamento de Policía de Long Beach.

Este caso está siendo procesado por los fiscales federales adjuntos Reema M. El-Amamy y David T. Ryan de la Sección de Delitos de Terrorismo y Exportación.


La Oficina para la Prevención de Bombardeos del Departamento dirige y coordina los esfuerzos del DHS para mejorar las capacidades de la nación contra los IED y reducir la amenaza de ataques explosivos contra la infraestructura crítica, el sector privado y las entidades federales, estatales, locales, tribales y territoriales. La Oficina de Prevención de Bombardeos ofrece una cartera enfocada de programas especializados dirigidos a los requisitos, capacidades y análisis de brechas de los esfuerzos de prevención de bombardeos nacionales e intergubernamentales, así como al conocimiento de los artefactos explosivos improvisados ​​y al intercambio de información.

El Departamento ha reconocido desde hace mucho tiempo a los artefactos explosivos improvisados ​​como una amenaza transnacional significativa y duradera y fue fundamental en la implementación de la Directiva presidencial 19 de Seguridad Nacional, Combatiendo el Uso Terrorista de Explosivos en los Estados Unidos, y el desarrollo de la Directiva de Política Presidencial 17, Contrarrestar los Dispositivos Explosivos Improvisados.

Trabajando en colaboración con agencias federales, socios estatales y locales, empresas privadas, el público y socios internacionales para contrarrestar los artefactos explosivos improvisados, el DHS ha realizado evaluaciones nacionales de escuadrones de bombas, caninos de detección de explosivos, armas y tácticas especiales (SWAT) y equipos de buceo de seguridad pública. para mitigar las brechas de capacidad, así como para ayudar a los gobiernos estatales y locales con el desarrollo de planes de seguridad de IED para mejorar y coordinar sus capacidades de prevención de bombardeos.

El Departamento también ha ampliado la conciencia sobre la amenaza de los artefactos explosivos improvisados ​​y la información contra los artefactos explosivos improvisados ​​entre los socios federales, estatales, locales, territoriales y del sector privado, y ha mejorado su capacidad para reconocer comportamientos sospechosos indicativos de actividad de fabricación de bombas a través de la capacitación y otras iniciativas de intercambio de información. .


Unidad de análisis científico y biométrico & # 160

La misión

La Unidad de Análisis Científico y Biométrico (SBAU) realiza análisis de huellas latentes, ADN, trazas y marcas de herramientas, y el soporte de operación de instrumentos relacionados, para proporcionar inteligencia procesable de materiales de dispositivos explosivos improvisados ​​(IED) al gobierno de los EE. UU. Y sus socios en un esfuerzo continuo para acceder, derrotar y contrarrestar la amenaza de los artefactos explosivos improvisados.

El equipo

Físico-examinadores forenses, científicos físicos, biólogos-examinadores forenses, biólogos, técnicos de huellas latentes, examinadores de huellas latentes, técnicos de Identificación de Próxima Generación (NGI), administradores de flujo de casos y analistas de gestión y programas.

La obra

  • Proporcionar un examen experto en las disciplinas forenses de ADN, huellas dactilares latentes, marcas de herramientas y análisis de pruebas de trazas.
  • Brindar apoyo total a las investigaciones del FBI y al enjuiciamiento de los países socios, los técnicos de bombas de agentes especiales y la comunidad de inteligencia.
  • Participe en la divulgación científica proporcionando sesiones informativas, ejercicios de casos y capacitación sobre explotación al gobierno de los EE. UU. Y socios extranjeros
  • Asociar eventos relacionados con IED entre sí y conectar eventos con individuos
  • Realizar análisis de ADN nuclear
  • Analice muestras conocidas y desconocidas mediante un proceso totalmente automatizado
  • Compare los perfiles de ADN desconocidos con los perfiles conocidos de las personas y cárguelos en las bases de datos adecuadas para realizar búsquedas.

Impresiones latentes

  • Revele impresiones latentes en una amplia gama de superficies
  • Busque imágenes de impresiones latentes en millones de existencias de referencia conocidas dentro del sistema NGI
  • Utilice el análisis de crestas de fricción para realizar asociaciones biométricas críticas con las personas de interés.
  • Comparta imágenes de huellas dactilares con agencias homólogas para crear un flujo de inteligencia biométrica a escala global

Marcas de herramientas

  • Analizar las marcas de herramientas que quedan en los IED
  • Determinar los tipos de herramientas que se utilizan en la construcción de dispositivos.
  • Compare patrones de marcas de herramientas de varios casos

Rastrear pruebas

  • Identificar y comparar pelos y fibras recuperados de los dispositivos.
  • Analizar la tela y el cordaje utilizados como componentes del dispositivo.
  • Vincular incidentes de IED donde la recolección biométrica puede ser poco probable

Operaciones de instrumentos

  • Mantener el equipo analítico para respaldar las funciones de trabajo de casos.
  • Administrar el programa de calibración TEDAC & # 8217s
  • Coordinar con los activos de TEDAC para garantizar que se cumplan los requisitos de las instalaciones.

Un técnico del equipo de impresión latente de la SBAU examina una placa de circuito en busca de evidencia biométrica.


Las sufragistas son vistas hoy como desinteresadas, pero a principios del siglo XX se las consideraba terroristas, escribe el historiador Simon Webb.

Incluso la crítica más leve a las sufragistas hace que mucha gente se sienta incómoda.

La imagen que tenemos de ellos hoy es la de mujeres desinteresadas y pacientes, que soportan el encarcelamiento, las huelgas de hambre y el horror de la alimentación forzada en pos de lo que seguramente era una causa justa: la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Se nos ha hecho suponer que sus armas eran de resistencia pasiva y protesta pacífica, en lugar de violencia contra otros.

Lo peor que podrían haber hecho es romper ventanas o encadenarse a las barandillas.

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Esta percepción popular es bastante falsa de que el movimiento sufragista era en realidad una organización terrorista.

En los años previos a la Primera Guerra Mundial, las sufragistas llevaron a cabo una feroz y prolongada campaña de bombardeos por todo el Reino Unido colocando artefactos explosivos improvisados ​​(o IED) en lugares tan variados como la Abadía de Westminster, la Catedral de San Pablo, el Banco de Inglaterra, la Galería Nacional, estaciones de tren y muchos otros lugares.

La primera bomba terrorista que explotó en Irlanda en el siglo XX no fue colocada por el IRA, sino por las sufragistas.

También inventaron la carta bomba diseñada para mutilar o matar a aquellos con quienes no estaban de acuerdo.

Uno de los primeros atentados con bomba llevados a cabo por las sufragistas fue contra la casa del canciller de Hacienda Lloyd George.

Se disparó poco después de las 6 de la mañana del 19 de febrero de 1913.

La bomba, que derribó techos y agrietó paredes, fue colocada nada menos que por Emily Davison, quien luego murió bajo los cascos del caballo del rey en el Derby de 1913.

Actualmente se habla de erigir una estatua de Emmeline Pankhurst cerca del Parlamento, lo cual es un poco extraño si tenemos en cuenta lo impopulares que son los terroristas en estos días.

Pankhurst era el líder de los terroristas sufragistas.

Después de la explosión en la casa de Lloyd George, fue llevada a juicio en Old Bailey por complicidad en el ataque y sentenciada a tres años de prisión.

Aquellos que planeaban los bombardeos no eran lobos solitarios o inconformistas, estaban siendo dirigidos y apoyados por el liderazgo de las sufragistas.

El día después de que la Sra. Pankhurst fuera enviada a prisión, se colocó una bomba frente al Banco de Inglaterra.

Afortunadamente, un policía logró desactivarlo antes de que detonase en la concurrida calle.

Durante los siguientes 16 meses, los ataques con bombas fueron intensos y rápidos.

Algunos dispositivos, como el que se colocó en la catedral de San Pablo el 7 de mayo de 1913, no explotaron.

Otros, como el gran dispositivo que se dejó en el Observatorio Real de Edimburgo una quincena más tarde, explotó y causó grandes daños.

La ola de atentados provocó un endurecimiento en la posición del gobierno, además de alienar a quienes apoyaban la idea de un cambio en la ley para permitir el voto de las mujeres.

Antes de que comenzaran los bombardeos, había muchas posibilidades de que un proyecto de ley de miembros privados para introducir el voto de las mujeres lograra aprobarse en el Parlamento.

Pero pocos políticos querían ser vistos cediendo al terrorismo y, como resultado, este proyecto de ley ni siquiera logró obtener una segunda lectura.

Después del fracaso del proyecto de ley, quedó claro que los bombarderos sufragistas dañaban la lucha por los derechos civiles de las mujeres mucho más de lo que la ayudaban.

A lo largo de 1913 y la primera mitad de 1914, los ataques con bombas aumentaron, golpeando lugares tan diversos como la prisión de Holloway y los vestuarios del campo de fútbol de la Universidad de Cambridge.

Las iglesias se convirtieron en objetivos principales, debido a una oposición percibida de la Iglesia de Inglaterra a los derechos de la mujer.

Entre las iglesias donde explotaron las bombas se encontraban St Martin-in-the-Fields, en Trafalgar Square, la Capilla Rosslyn en Escocia, famosa por El Código Da Vinci, y, el 11 de junio de 1914, la Abadía de Westminster dañando la Silla de la Coronación.

La última bomba de la campaña estalló en la catedral de Christ Church en la ciudad irlandesa de Lisburn, el 1 de agosto de 1914.

Ese mismo día, Alemania declaró la guerra a Rusia y luego, dos días después, a Francia.

Había comenzado la Primera Guerra Mundial. Con el estallido de la guerra, las sufragistas abandonaron sus actividades y se lanzaron al esfuerzo bélico.

La lucha por ganar la votación fue olvidada en un auge del sentimiento patriótico.

Los atentados terroristas con bombas llevados a cabo por las sufragistas se han olvidado casi por completo y han sido reemplazados por una visión depurada de los activistas como personas que no harían nada más peligroso que romper el escaparate ocasional.

Lejos de acelerar el otorgamiento de votos a las mujeres, las sufragistas impidieron el avance político hacia este objetivo con sus acciones peligrosas, provocando que la mayoría de las personas las rechazaran como fanáticas violentas.

De no haber sido por los bombardeos, existe la posibilidad de que el voto se hubiera dado a las mujeres antes, y no después, de la Primera Guerra Mundial.

:: Simon Webb es el autor de The Suffragette Bombers: Britain's Forgotten Terrorists.


Bombas sucias: armas de disrupción masiva


Desde que los ataques del 11 de septiembre catapultaron a Al Qaeda a la cima de la lista de malhechores en los Estados Unidos, una pregunta constante ha permanecido: ¿Qué está planeando Al Qaeda ahora? Uno de los temores del público, avivado por ciertos eventos ampliamente informados en los medios de comunicación, es que la red yihadista u otro grupo o individuo de ideas afines desencadene un dispositivo de dispersión radiológica (RDD), comúnmente conocido como una "bomba sucia". "en suelo estadounidense.


Entre los eventos que aumentaron este interés público en los RDD desde el principio se encontraba la intensa cobertura mediática de la aprehensión en mayo de 2002 del llamado "bombardero sucio" de Al Qaeda, José Padilla. Desde el 11 de septiembre, la conciencia pública sobre los RDD, y el interés en los ataques que podrían utilizarlos, ha disminuido y fluído en ciclos que a menudo, aunque no siempre, se inician por incidentes o declaraciones que obtienen una gran cobertura de los medios. Después de que la emoción inicial se apaga, la conciencia y la preocupación disminuyen gradualmente, hasta el siguiente incidente.


Ahora nos encontramos en uno de esos períodos de mayor conciencia, impulsado por los rumores en Internet de agentes y materiales de Al Qaeda que ingresan a los Estados Unidos a través de rutas mexicanas de contrabando con el propósito de crear una "Hiroshima estadounidense". Mientras tanto, el 28 de septiembre el líder de Al Qaeda en Irak, Abu Hamza al-Muhajer, emitió una declaración de audio, quien pidió a los científicos que se unieran a los esfuerzos de su grupo contra las fuerzas estadounidenses y de la coalición en Irak, advirtiéndoles que las grandes bases estadounidenses allí son buenos lugares para "probar sus armas no convencionales, ya sean químicas o 'sucias' como las llaman".


Teniendo en cuenta la facilidad con la que se puede fabricar un RDD, es solo cuestión de tiempo antes de que se emplee uno. De hecho, es bastante sorprendente que aún no se haya utilizado con éxito uno. Ciertamente, ha llegado el momento de discutir qué son y qué no son los RDD, y considerar los resultados más probables de tal ataque.


Las bombas sucias son RDD


Un RDD, simplemente, es un dispositivo que dispersa la radiación. Dependiendo de los motivos de los involucrados en la planificación del incidente, dicho dispositivo podría ser un arma discreta que libera material radiactivo en aerosol de forma subrepticia, vierte un material radiactivo finamente pulverizado o disuelve el material radiactivo en agua. Se intentará exponer lentamente a la radiación a tantas personas como sea posible. Sin embargo, a menos que se utilicen grandes cantidades de un material radiactivo muy fuerte, es más probable que los efectos de tal exposición sean a largo plazo en lugar de repentinos y dramáticos: personas mueren de cáncer en lugar de intoxicación aguda por radiación.


Sin embargo, por su propia naturaleza, este tipo de RDD no generará un pánico inmediato ni el tipo de cobertura de prensa codiciada por la mayoría de los terroristas. Por lo tanto, es más probable que opten por un RDD que ofrezca un golpe más "espectacular", en otras palabras, una bomba sucia. Lo opuesto a un dispositivo subrepticio, una bomba sucia está destinada a causar pánico e histeria masiva de inmediato.


Una bomba sucia es simplemente un RDD hecho de un dispositivo explosivo improvisado tradicional (IED) con un "pateador" radiológico agregado. En un ataque con bomba sucia, el material radiactivo no solo se dispersa, sino que la dispersión se realiza de manera obvia, y la explosión alerta de inmediato a las víctimas y autoridades de que se ha producido un ataque. Los atacantes esperan que el aviso de su ataque provoque un pánico masivo.

Efectos de una bomba sucia


Quizás la mayor idea errónea sobre las bombas sucias, y hay muchas, tiene que ver con sus efectos. Aunque se utiliza material radiactivo para construirlos, no son armas nucleares o atómicas. No producen una reacción nuclear en cadena y, por lo tanto, el empleo de tal dispositivo no producirá una "Hiroshima estadounidense". De hecho, puede haber una amplia gama de efectos producidos por una bomba sucia según el tamaño del IED y la cantidad y tipo de material radiactivo involucrado. Los factores ambientales como el terreno, las condiciones climáticas y la densidad de población también jugarían un papel importante en la determinación de los efectos de tal dispositivo.


Generalmente, una bomba sucia que usa una gran cantidad de material radiactivo altamente peligroso como plutonio-238 o cesio-137 producirá más (y más fuerte) contaminación que un dispositivo que usa menos material o material que no es tan radiactivo. Sin embargo, los materiales más radiactivos son los más difíciles de obtener y los más difíciles de trabajar. Algunos materiales son tan peligrosos que incluso los terroristas suicidas morirían antes de poder usar uno si no estuvieran debidamente protegidos. Por ejemplo, en septiembre de 1999, dos militantes chechenos que intentaron robar materiales altamente radiactivos de una planta química en Grozny, la capital chechena, quedaron incapacitados después de cargar el contenedor durante sólo unos minutos, según los informes, cada uno de ellos murió.


Sin embargo, existen muchos materiales más comunes y menos peligrosos, como el americio-241 o el estroncio-90, que serían más fáciles de obtener y trabajar. Por lo tanto, se cree ampliamente que los terroristas que deseen construir una bomba sucia tendrían más probabilidades de utilizar una de ellas.


Según expertos de organizaciones como el Consejo Nacional de Protección y Medidas Radiológicas, a menos que se utilice una gran cantidad de un material muy radiactivo, no muchas personas morirán inmediatamente por la radiación liberada por una bomba sucia. Más bien, las bajas iniciales serán el resultado de los efectos explosivos del IED, tal como lo serían en un ataque con IED convencional sin un componente radiológico. Si bien la exposición a fuentes de radiación muy fuertes a corta distancia podría causar muertes, una bomba sucia por diseño dispersa su radiación en un área más grande. Por lo tanto, la mayoría de las muertes causadas por la radiación en una bomba sucia probablemente se deben a causas como el cáncer, que tardarán años en desarrollarse. La mayoría de las personas que abandonan rápidamente el área contaminada por la bomba sucia tendrán una exposición mínima a la radiactividad y no deberían sufrir consecuencias permanentes para la salud.


Sin embargo, tenga en cuenta que una bomba sucia está destinada a causar pánico, y la explosión de un dispositivo de este tipo en un área urbana densamente poblada podría muy bien resultar en un pánico que podría matar a más personas que el IED o la radiación que se dispersa.


También debe tenerse en cuenta que los efectos radiológicos de una bomba sucia serán mayores que el radio de muerte de
el IED en sí, y persistirá durante mucho más tiempo. La explosión de un IED convencional termina en un instante, pero la radiación de un RDD puede persistir durante décadas. Si bien el nivel de radiación puede no ser lo suficientemente fuerte como para afectar a las personas que estuvieron expuestas brevemente en la explosión inicial, la radiación persistirá en el área contaminada y los efectos acumulativos de dicha radiación podrían resultar muy peligrosos. (Una vez más, el área contaminada dependerá del tipo y la cantidad de material radiactivo utilizado. Los materiales en forma de polvo fino son más fáciles de dispersar que los bloques sólidos de material y algunos materiales radiactivos poseen una vida media mucho más larga que otros). Debido a esta contaminación, será necesario evacuar a las personas del área contaminada en muchos, si no en la mayoría, de los casos relacionados con una bomba sucia. Las personas deberán permanecer fuera del área hasta que se pueda descontaminar, un proceso que puede ser largo y costoso.


Por lo tanto, si bien una bomba sucia no es realmente un arma de destrucción masiva (ADM) como un dispositivo nuclear, muchas autoridades se refieren a ellas como "armas de disrupción masiva" o "armas de dislocación masiva" debido al hecho de que temporalmente hacen que la zonas contaminadas inhabitables. El enorme gasto de descontaminar un área grande y densamente poblada, como una sección de Manhattan o Washington, también haría de una bomba sucia un tipo de arma económica.


Debido a la facilidad de construir una bomba sucia, que en realidad es solo un artefacto explosivo improvisado más una fuente de radiactividad, un dispositivo de este tipo podría ser empleado por casi cualquier actor terrorista, desde un terrorista doméstico "lobo solitario" hasta una organización militante transnacional. como al Qaeda. Sin embargo, al considerar que los efectos de tal dispositivo probablemente sean simbólicos y económicos, la ecuación comienza a desplazarse hacia el lado de Al Qaeda, ya que los objetivos simbólicos que dañan la economía estadounidense están muertos en el centro de la red yihadista. apuntar al punto óptimo. Al Qaeda también tiene un historial de planes para usar tales armas.


En sus recientes declaraciones sobre el uso de bombas sucias contra bases estadounidenses en Irak, al-Muhajer no presentó una idea novedosa. Many in the jihadist universe have a strong fascination with WMDs, and many jihadist Web sites, such as chat rooms and online magazines, regularly post information on how to produce chemical agents, biological toxins, RDDs and even improvised nuclear weapons. Some posts provide instructions on where to obtain radioactive material and, in cases where it cannot be obtained, even purport to provide instruction on how to extract radioactive material from commercial materials, such as distilling radium from luminescent industrial paint.


More specifically to al Qaeda, evidence uncovered in Afghanistan following the U.S. invasion demonstrated that the group was actively pursuing a WMD program that included research on chemical, biological, nuclear and radiological weapons. Based on this evidence, and information obtained from the interrogations of captured high-level al Qaeda members, U.S. intelligence agencies have specifically and repeatedly warned since late 2001 that al Qaeda intends to produce and employ a RDD. When these reports surface, the flow cycle of public concern over RDDs begins anew.


Despite the simplicity of manufacturing dirty bombs, however, they are not often used, possibly due at least in part to their ineffectiveness. Governments such as that of Iraq that experimented with dirty bombs for military purposes abandoned them because they were not effective enough to be militarily significant as a weapon or provide much of a deterrent.


Perhaps the group that has used or attempted to use RDDs the most is the Chechen militants. In November 1995, Chechen militants under commander Shamil Basayev placed a small quantity of cesium-137 in Moscow's Izmailovsky Park. Rather than disperse the material, however, the Chechens used the material as a psychological weapon by directing a television news crew to the location and thus creating a media storm. The material in this incident was thought to have been obtained from a nuclear waste or isotope storage facility in Grozny.


In December 1998, the pro-Russian Chechen Security Service announced it had found a dirty bomb consisting of a land mine combined with radioactive materials next to a railway line. It is believed that Chechen militants planted the device.


La línea de fondo


Analytically, based upon the ease of manufacture and the jihadist interest in dirty bombs, it is only a matter of time before jihadists employ one. Since the contamination created by such a device can be long-lasting, more rational international actors probably would prefer to detonate such a device against a target that is outside of their own country. In other words, they would lean toward attacking a target within the United States or United Kingdom rather than the U.S. or British Embassy in their home country.


Since it is not likely to produce mass casualties, a dirty bomb attack would likely be directed against a highly symbolic target, such as one representing the economy or government, and designed to cause the maximum amount of disruption at the target site. Therefore, it is not out of the question to imagine such an attack aimed at Wall Street or the Pentagon. The bomb would not destroy these sites, but would deny access to them for as long as it takes to clean up the sites.


Due to the history of RDD threats, the U.S. government has invested a great deal of money in radiation detection equipment, and has strategically located that equipment along the border at ports of entry and near critical sites. If the rumors of radioactive materials being smuggled over the Mexican border are true, the terrorists would want to detonate the device in a city close to the border out of fear that this network of detection systems would allow the material to be detected and seized by U.S. authorities before it could be employed.


The Importance of Contingency Plans


The possibility of an RDD attack underscores the importance of having personal contingency plans. This is especially important for those who live or work near one of these potential targets. In the case of a dirty bomb attack, it will be important to stay calm. Panic, as we have said, could potentially kill more people than the dirty bomb itself. The best countermeasure against irrational panic is education. People who understand the capabilities and limitations of dirty bombs are less likely to panic than those who do not.


People caught in close proximity to the detonation site, then, should avoid breathing in the dust as much as possible and then calmly leave the area, paying attention to the instructions given to them by authorities. If possible, they also should bathe and change clothes as soon as possible, and implement their personal or family emergency plan. People not in the immediate vicinity of the dirty bomb should seek shelter where they are -- making sure to close windows and doors and turn off air conditioners -- unless they are instructed to go elsewhere.


However, should communication from the authorities break down or the authorities not provide instruction, the three most important things to remember about protecting oneself from radiation are time, distance and shielding. That means minimizing the time of exposure, maximizing the distance between the person and the radiation source and maximizing the amount of shielding between the person and the radiation source.


Hellburner Hoop

Readers of the blog will know I’m researching 16 th century IEDs. This one is worth a blog.

The development of explosive devices required a number of technological developments. In the 14 th and 15th century the manufacture of saltpeter (Potassium nitrate) became industrialized allowing the production of volumes of blackpowder. (I’m simplifying things here for the short space appropriate in a blog). Then with the invention of the Wheelock for firearms in the early part of the 16 th century, this allowed for command initiation, by pull by using the initiation system for a gun in an explosive charge. There are a few red herrings around with regard to the use of Iron Pyrites and flint, which in a flintlock in the early 1600s became the favored option once stronger steel was made that wouldn’t be eroded by the flint – pyrites being the spark provider when earlier, softer steel was used in firearms. But of course in an explosive device the “lock” is only going to be used once, so I suspect flint initiation in a Wheelock mechanism, was the first use in IEDs in the 1500s.

The other engineering development in the 16 th century that is pertinent is the clock. Clocks became more widespread, as a cultural phenomenon and as technology permitted smaller clocks (I’m simplifying a chapter of my book here, into two sentences). The first clock-initiated IEDs occurred in the 16 th century. I can’t tell you exactly when the first one was, but I provide below the details of the incident that is the earliest incident where I can find details of such a device. It is significant too, because I think it may be the IED that caused the greatest number of fatalities, ever, with possibly as many as 1000 killed. Possibly, too, the biggest ever IED. Possibly, too, the first ever WMD. It also has a significant impact on a whole war in terms of the terror it gave, I believe too on the eventual defeat of The Spanish Armada, some years later, when they scattered before the British fleet, at least partly in fear of a similar device.

In 1584 the city of Antwerp was under siege and blockaded by the Spanish Army following a rebellion. An Italian Engineer, in the secret pay of the English, was supporting the Dutch rebels. In order to destroy a huge pontoon bridge the Spanish had constructed, he was given two Seventy ton ships, the Fortuyn and the Hoop. (“Fortune” and Hope”).

The concept of fire ships was already known and had been used already by the Dutch. But Giambelli, the Italian had bigger ideas. He constructed two massive IEDs, one in each ship. And when I say massive, I mean massive. He was helped by two key individuals, Bory, a clock maker from Antwerp and Timmerman, a “mechanic”. Here’s a description of how each was made from a source document I found recently:

In the hold of each vessel, along the whole length, was laid down a solid flooring of brick and mortar, one foot thick and five feet wide. Upon this was built a chamber of marble mason-work, forty feet long, three and a half feet broad, as many high, and with side-walks five feet in thickness. This was the crater. It was filled with seven thousand pounds of gunpowder, of a kind superior to anything known, and prepared by Giambelli himself. It was covered with a roof, six feet in thickness, formed of blue tombstones, placed edgewise. (Note: some sources say also this was sealed with lead) Over this crater, rose a hollow cone, or pyramid, made of heavy marble slabs, and filled with mill-stones, cannon balls, blocks of marble, chain-shot, iron hooks, plough-coulters, and every dangerous missile that could be imagined. The spaces between the mine and the sides of each ship were likewise filled with paving stones, iron-bound stakes, harpoons, and other projectiles. The whole fabric was then covered by a smooth light flooring of planks and brick-work, upon which was a pile of wood: This was to be lighted at the proper time, in order that the two vessels might present the appearance of simple fire-ships, intended only to excite a conflagration of the bridge.

The initiation system for the Fortuyn was a slow burning fuse, while the Hoop, courtesy of Mr Bory the clockmaker, was initiated with an adapted clock. I’m guessing the striker of the clock was a modification of a firearm lock, wheel-lock or flintlock. One source suggests that the time delay was one hour. These ships were sent down the waterway with skeleton crews, along with 32 “normal” fireships, with the crews as usual setting them alight before getting away in small boats, allowing the currents, tides and winds to carry them towards the pontoon bridge.

The Fortuyn failed to be carried towards the best target and then when the charge exploded, it only partially functioned, causing no damage and no injuries. The entire Spanish Army, called to the alert on the approach of the fire ships, to fend them off and extinguish the fires, was heard jeering. But the Hoop bore down on its target and became entangled with Spanish ships and the bridge itself. As soldiers boarded her to extinguish the fire on her deck, the clock ticked, … then struck. 7,000 pounds of blackpowder, reputedly the best Antwerp possessed, exploded and the pontoon bridge, many ships and hundreds of soldiers disappeared. Some sources say 800 Spanish soldiers were killed at that instant, others put the figure at 1000. Many remarkable tales exist about oddities of the explosive effect. (Detail will follow in the book!) Two of the Spanish generals bodies were found some time later, their bodies thrown considerable distances.

Although the Antwerp rebels were unable to exploit the effect of the explosion, probably because they too were simply shocked by its effect, the incident achieved immediate notoriety across Europe and great interest from military experts who recognized this as a new type of warfare.

Three years later when the Spanish Armada came to invade England, the use of fireships caused panic among the Spanish fleet, because of concerns that they could be loaded with explosives.. and by then they knew that Giambelli was overtly in England, working for the Queen. The Spanish Fleet was seriously disrupted and control of it was never regained by its admirals. And as a result, my Spanish language skills are limited today to ordering “Dos cervezas, por favor” I have grossly simplified a complex action here, but hopefully blog readers will appreciate the unusual construct of the IED on the Fortuyn and the Hoop, and see the significance of the initiation mechanism. In another aside and related to the last post about the assassination of generals….When the Prince of Parma, the Spanish General did ride into Antwerp, some months later, a conqueror, there had been a plot to kill him and everybody near him by blowing up a street over which it was calculated he would be sure to pass. Nothing came of this, because the plot was revealed before the procession occurred.

One final thought…. The Hoop attack concept was used again… in 1809 when British Admiral Cochrane attacked the French in the Basque Roads attack, and again in 1942, when the bomb ship HMS Campbelltown rammed the gates of the drydock in the St Nazaire raid as part of “Operation Chariot”.


Terrorist weapons Bombs (IED) - History

Brief Overview of Terrorist Use of Improvised Explosive Devices (IEDs)

Using proper APA format in at least 800 words, provide a brief overview of terrorist use of improvised explosive devices (IEDs), such as pipe bombs, and what is known about the fragmentation of pipe bombs with varying case thickness.

Sample Solution

Terrorist Use of Improvised Explosive Devices

Improvised explosive device (IED) is a term used to describe a “homemade” destructive device or bomb that can be used to distract, harass, incapacitate or destroy and are often used by insurgents, suicide bombers, vandals, criminals, and terrorists (Department of Homeland Security [DHS], n.d.). The term IED was popularized by the media in the 2000s during their coverage of the wars in Afghanistan and Iraq when terrorists and insurgents frequently used them (Bhatnagar, 2018). IED use around the world by terrorists has gradually risen, and the rate of IED attacks by terrorists has been relatively steady since 1970 and have been used in the majority of explosive attacks especially in the North African and Middle East regions, South America, and Western Europe (Johnson & Braithwaite, 2017). This pervasive use of IEDs by terrorists highlights the importance of reviewing these weapons as well as their use.

The DHS (n.d.) reported that IEDs come in various forms owing to the fact that they are improvised, and range from pipe bombs to advanced types that can cause significant destruction and deaths. Typically, IEDs have elements that include main charge, switch, initiator, source of power, and a container that are usually packaged with enhancements such as metal fragments and glass aimed at increasing the explosion-propelled shrapnel, among other hazardous materials. The most common materials used to construct IEDs include hydrogen peroxide, gunpowder, and fertilizer that are packed with oxidizer and fuel for enhanced reaction (Bhatnagar, 2018). The degree of the damage due to an IED attack is dependent on its location (placement), form, size, and the materials used in its construction (DHS, n.d.).

Among all the forms of IEDs known, pipe bombs are perhaps the most commonly used by insurgents and terrorists (Bhatnagar, 2018). This is because they are easy to construct and use, and the materials used in their improvisation are simple to acquire. The main mechanism of injury for pipe bombs is fragmentation, hence making them desirable for terrorists whose objective is inflicting maximum damage and casualties (da Silva et al., 2020). According to da Silva et al. (2020), pipe bombs typically consist of metallic or plastic container thronged with explosives and laced with caps on both of its ends to confine the materials for detonation. Explosives used are usually low-velocity that have subsonic reactions, lower explosion velocity, and do not present detonation waves. Nonetheless, they can have the same effect as high explosives when confined in containers such as enclosed pipes and detonated in a process called deflagration (Oxley et al., 2001).

There are four effects after a chemical explosion in the context of the use of pipe bombs by terrorists in an IED attack that include the blast, ancillary, thermal, and fragmentation effects that occur in that order (da Silva et al., 2020). The first effect, blast, is due to a quick augmentation of the products of detonation, which are usually gaseous and create blast waves travelling fast over large distances, and raises the ambient pressure. This is followed by the secondary blast pressure, or ancillary effects, that describe the reaction between the blast wave and objects such as soil and water. This results in the blast wave’s refraction and reflection that may lead to increased destruction and damage due to blast focusing (Lichorobiec et al., 2017 da Silva et al., 2020).

The third outcome, thermal effect, due to the heat generated in the chemical reaction that produces the explosion. The chemical explosion usually increases the temperature to about 3871°C which often present as severe burning, charring or deforming of victims and materials depending on their proximity to the explosion. The last effect, the fragmentation that is the main mechanism of injury for pipe bombs according to Bhatnagar (2018), is attributed to the objects accelerated by the blast waves and casing rupture, or secondary and primary fragments respectively. Pipe bombs are made in such a way that they have casings and caps that are thick enough to confine the materials for an effective explosion (Lichorobiec et al., 2017). Also, the thickness of the pipe bomb is correlated to the size of the fragments in an explosion, with thin and thick walls resulting to smaller and larger fragments respectively (da Silva et al., 2020).

In conclusion, the use of IEDs such as pipe bombs by terrorists has risen dramatically around the globe. The use of pipe bombs, for instance, is prevalent since they are easy and simple to construct and the materials for making them are readily available in hardware stores and the Internet. Pipe bombs are simple pipes with caped ends into which low-velocity are packed, and are infused with a detonator for initiating an explosion. The pervasive use of IEDs such as pipe bombs by terrorists since the steady since the 1970s necessitates the need to understand these weapons and their use.

Bhatnagar, A. (2018). Lightweight Fiber-Reinforced Composites for Ballistic Applications. In P. W.R. Beaumont & C. H. Zweben, Comprehensive Composite Materials II (pp. 527-544). Elsevier.

da Silva, L. A., Johnson, S., Critchley, R., Clements, J., Norris, K., & Stennett, C. (2020). Experimental fragmentation of pipe bombs with varying case thickness. Forensic Science International, 306, 110034. https://doi.org/10.1016/j.forsciint.2019.110034

Department of Homeland Security [DHS]. (Dakota del Norte.). IED Attack: Improvised Explosive Devices. https://www.dhs.gov/xlibrary/assets/prep_ied_fact_sheet.pdf

Johnson, S. D., & Braithwaite, A. (2017). Spatial and temporal analysis of terrorism and insurgency. In G. LaFree & J. D. Freilich (Eds.), The Handbook of the Criminology of Terrorism (pp. 232-243). John Wiley & Sons.


IEDs: Faceless Enemy

British and Iraqi soldiers prepare to destroy abandoned artillery shells so they cannot be turned into improvised explosive devices. IEDs have been the biggest single killer of coalition troops in Iraq, and the search continues for effective means to defeat them.

IT WAS THE KIND OF ENGAGEMENT that breeds confidence. Two hours after midnight on June 24, 2004, an American resupply mission was running south on Main Supply Route Mobile, the divided six-lane highway that curves around the Iraqi city of Fallujah, when the 28-vehicle convoy ran into a massive ambush. Explosions from rocket-propelled grenades and mortar rounds bracketed the trucks as bullets ripped into them. The convoy’s security detail of 16 military police in four uparmored Humvees, led by Marine Corps 1st Lt. Nick Hurndon, met the wildest combat of their lives with cool precision. They returned fire, coordinated with air assets and pushed the convoy through the 2-mile kill zone to Camp Fallujah, a stronghold just a few miles away, while the camp’s armored quick-reaction force moved out to punish the insurgents.

Fighting continued for hours. That night Hurndon’s team took up positions on berms outside the camp, watching M1 Abrams tanks and AH-1 Cobra attack helicopters blast away at buildings along Fallujah’s east side. Crews unloaded the convoy’s trucks, and the next morning the Marines briefed a new plan, with tighter spacing between vehicles, before mounting up and rolling north through the chaotic gauntlet. Taking damage to their vehicles but no casualties, they returned fire, zipped through the danger and soon arrived back at Camp Taqaddum.

A year later, during their next deployment to Iraq, members of Hurndon’s MP unit found themselves fighting a different kind of war. Along that same stretch of MSR Mobile, Sgt. Mark Chaffin, a squad leader in Hurndon’s unit, was taking position on a hill to overwatch engineers building a new entry point into Fallujah after a major offensive had finally brought the city under coalition control. Chaffin sat beside his driver in an uparmored Humvee as his fire team climbed a dirt trail a quarter-mile off the main road.

“The next thing I remember, I was getting woke up, and we had gotten hit,” Chaffin recalled in a recent interview. “It happened, and I was out.” He came to with a mangled leg and broken nose, covered head to toe in oil and grease from the Humvee’s shattered engine. The Marines concluded they had hit a buried bomb triggered by a pressure plate—what the U.S. military calls a victim-operated improvised explosive device (VOIED). The Humvee’s armor had done its job—none of the four men inside was killed—but Chaffin’s war was over. In a millisecond one well-placed explosion had done more damage to Hurndon’s unit than hundreds of heavily armed insurgents had the year before. This time there was no enemy to engage, no air assets to call, nothing for the MPs to do but rush Chaffin to Baghdad for surgery.

A national army MRAP (mine-resistant ambush-protected) vehicle turns a somersault after falling prey to a large command-detonated IED buried along the roadside. (WarLeaks.com)

Improvised explosive devices (IEDs), the signature weapons of the Iraq War, were nothing new to the world in 2004. The French Resistance had used them to derail German trains during World War II. British troops had torn out their hair trying to counter them in Northern Ireland in the 1970s, an experience the Israelis had shared in Lebanon in the ’80s. Insurgents in Afghanistan had resorted to IEDs after the U.S.-led 2001 invasion, adding radio-controlled detonators, a combination that proved especially deadly.

But IEDs proliferated with the insurgency in post–Saddam Hussein Iraq, a country overflowing with leftover ordnance and unemployed former soldiers who knew how to use it. A single artillery round contained enough explosives to destroy a tank. One buried in a roadway and triggered by a hidden observer was more accurate than any big gun. The U.S. Defense Department has come to regard the IED as one guerrilla tactic among many—like the tripwire booby trap or the sniper—a problem that truly goes away only when the insurgency itself has been snuffed out. In the interim the world’s greatest military has suffered thousands of casualties and spent billions of dollars searching for a technological solution that remains elusive.

The vast majority of soldiers and Marines entering Iraq in spring 2003 knew nothing about detecting and countering IEDs. They had been trained to invade and hold territory against a foreign army. In a trade for speed over armor they fielded relatively few mechanized vehicles, such as tanks and armored troop carriers, and lots of thin-skinned Humvees, many without doors. When Army Pfc. Jeremiah Smith was killed by a bomb triggered beneath his vehicle a few weeks after the invasion ended, the Pentagon was so unfamiliar with the threat it failed to recognize the device as an IED, instead declaring Smith’s vehicle had hit “unexploded ordnance.”

The vast majority of soldiers and Marines entering Iraq in spring 2003 knew nothing about detecting and countering IEDs. They had been trained to invade and hold territory against a foreign army

By that summer, with an uptick in the enemy use of IEDs, it became clear troops needed more protection. The Pentagon hired vendors to produce 25,000 sets of body armor per month and scoured bases across the United States for uparmored Humvees. Only 235 such vehicles made it to Iraq in 2003, so troops got creative. They covered vehicle floors with sandbags, put Kevlar blast blankets beneath their seats, strapped ceramic armor plates to their doors and bolted on scrap metal “hillbilly armor” wherever it would fit.

The number of IEDs attacks increased month after month, as did the ingenuity of the insurgent cells mounting them. A typical cell was led by a planner/financier who employed the bomb maker, emplacer, triggerman, a spotter or two and a cameraman, who videoed attacks for propaganda use and to help plan future attacks. The insurgents buried the explosive-packed artillery rounds beside roads, set them in parked cars or perhaps hid them in animal carcasses, then detonated the devices at just the right moment using a mobile phone, garage door opener, even the receiver unit of a remote-controlled toy car.

A lethal cat-and-mouse game developed. When convoys avoided certain trouble spots, insurgents emplaced IEDs on the alternate routes. When a new standard operating procedure instructed drivers to halt 300 meters from a suspected IED, insurgents took to placing a readily visible bomb 300 meters from a well-hidden one, then triggering the concealed device when convoys stopped to wait for explosive ordnance disposal (EOD) teams.

The emerging heroes of the war, EOD technicians from the Army, Navy, Air Force and Marines endured the same rigorous training and performed the same risky duty. Like firefighters, EOD teams relied on field personnel to discover IEDs and call for help. The disposal team would drive to the site, neutralize the bomb, do a quick forensic analysis and get out quickly. Staying more than a few minutes invited an insurgent mortar attack. The teams shuttled all over Iraq, with infantry or military police as security, and used a variety of gadgets to disarm or destroy insurgent bombs. One favored method employed concentrated water jets to tear apart IEDs without detonating them. As the war progressed, EOD techs increasingly relied on robots—from the compact PackBot to the 485-pound ANDROS F6-A—to do the work at a distance, but by fall 2003 only 18 such robots were in theater, and just six of those were functioning.

With little direction from above, convoy troops tried everything they could think of to counter roadside bombs. Some installed leaf blowers on vehicle bumpers to clear the trash-strewn Iraqi streets and uncover IEDs. Hoping to cut down on false positives, some used bomb-sniffing dogs, but the animals quickly lost their enthusiasm in the 120-plus-degree heat. Hoping to speed up the demolition process, others fired on suspected bombs using .50-caliber rounds, shotguns and Vietnam-era 40 mm grenade launchers someone had pulled from storage and sent to the theater. But if an explosion occurred, did that mean the threat was neutralized? An IED could comprise a string of more than 20 artillery rounds.

Whether to use vehicle lights during night operations depended on the mission and the proclivities of convoy commanders. EOD technicians and their security teams usually ran blacked out wearing night-vision goggles (NVGs), but blacked-out supply vehicles kept running into things. Drivers of the 7-ton trucks hated wearing the cumbersome goggles, which cut off peripheral vision and were susceptible to glare.

Early in the war, still regarding IEDs as one element of a small-arms ambush, convoy security troops ran in blacked-out Humvees to preserve the element of surprise in the event a counterattack was required. But as small-arms ambushes waned, and IEDs became the main threat, even MPs learned to love big lights. They attached spotlights and rally lights to their Humvees and changed tactics accordingly. The lead security vehicle would push far ahead of the convoy, then slow down to search suspicious areas. The later use of infrared headlights in tandem with NVGs proved effective, and some security detachments went back to running dark.

U.S. Army soldiers inside a Buffalo vehicle use a robotic manipulator arm to probe a mound of dirt for a suspected IED north of Baghdad in 2005. (Jacob Silberberg/Associated Press)

By summer 2004 a particularly nasty type of IED started appearing in Iraq—the explosively formed projectile (EFP). To create one, a bomb maker capped an explosives-filled cylinder with a dish-shaped copper or steel liner, concave side out. An emplacer then concealed the device along a supply route, perhaps within Styrofoam cut and painted to look like a rock or part of a roadside wall. Many such devices were fitted with passive infrared sensors that could detect the heat signature of a passing vehicle. When the device detonated, the force of the blast warped the disk into a superheated slug traveling some six times the speed of sound. Capable of penetrating virtually any armored vehicle, the EFP sprayed its occupants with molten metal. Ever adaptable troops started dangling radiators, toasters and the like on poles jury-rigged to the front bumpers of their vehicles to pre-detonate EFPs. Riffing on that concept, military engineers developed a countermeasure called the Rhino—an electronic heating element, or glow plug, housed in a steel box at the end of a fixed boom attached to a vehicle’s front bumper. When insurgents angled back EFPs to counter that decoy, engineers fitted the Rhino with an adjustable-length boom.

No matter what countermeasures troops employed, however, the IED threat persisted. Coalition forces reported just 22 IED incidents in June 2003, a toll that climbed to 1,582 by year’s end. Total incidents climbed to 8,446 in 2004 and 15,322 in 2005. The annual toll peaked in 2006 at 24,099 incidents, of which effective attacks killed 558 troops, or 64 percent of those killed in action in theater that year.

It became increasingly clear the coalition’s most efficient method for detecting IEDs was a well-trained, alert soldier who repeatedly traveled the same supply route and noticed changes in the environment. Troops sarcastically referred to this technology as the ‘Mark 1 Human Eyeball’

Meanwhile, a new Pentagon task force had been throwing resources at the problem. In fall 2003 Lt. Gen. Richard Cody, then Army deputy chief of staff for operations, told his staff to hire a small group of former special-operations soldiers and work the issue from a basement office in the Pentagon. Bergantín. Gen. Joseph Votel led the group, estimating the struggle to control IEDs would take between six and eight months. The first field team of seven contractors arrived in Iraq in mid-December 2003 to work with the Army’s 4th Infantry Division. They taught basic convoy tactics—change routes frequently, have guns always at the ready, watch for wires and triggermen, etc. Votel’s task force soon expanded into a joint-services group working with some 132 government agencies. Its $100 million budget in fiscal year 2004 ballooned to $1.3 billion in 2005. In a nod to the intensive World War II effort to develop atomic weapons, Gen. John Abizaid, commander of U.S. Central Command, called for a “Manhattan Project–like” approach to defeat the IED threat. He also asked the Defense Department to develop a molecular-level bomb sniffer that could be mounted on convoy vehicles.

Willing to explore any potentially useful anti-IED system—even flying insects—the Pentagon shelled out more than $2 million for the Stealthy Insect Sensor Project at Los Alamos National Laboratory. Harnessing bees’ acute sense of smell, scientists found they could condition the insects to stick out their proboscises for a sweet reward whenever they sniffed explosives like TNT or C-4. Harnessed in a tube and observed via camera, a bee would signal the presence of such explosives. Training 50 bees took just two to three hours, but the harnessed bees lived mere days. When informed of the results, Votel had serious doubts. “How do we operationalize this?” preguntó. “How does, say, 1st Platoon manage their bees?” The project was quietly dropped.

In late summer 2004 the Pentagon started funding an experiment dubbed IED Blitz. Martialing a range of air reconnaissance assets—U-2 and C-12R manned aircraft, drones and satellites—coalition forces scrutinized one especially hazardous stretch of MSR Tampa north of Baghdad. The various platforms took some 10,000 images per day, which analysts compared for anomalies in a process called “coherent change detection.” The photos were so clear, interpreters could read the labels on water bottles. What they couldn’t do was find bombs. During the $3 million, 10-week experiment 44 IEDs exploded or were cleared by EOD teams along that stretch of MSR Tampa. IED Blitz caught none of them.

Throughout this trial-and-error period the Defense Department pursued what it called counter radio-controlled IED electronic warfare (CREW), sending thousands of vehicle-mounted electronic jammers to Iraq to thwart radio-controlled IEDs. All jammers in theater were to be programmed according to the MOASS (mother of all spreadsheets), a list of enemy-employed radio frequencies collected, analyzed and distributed on the military’s secure internet. Yet field troops were poorly trained on how to program and update their jammers, and the devices often interfered with convoy radios. Many convoy commanders shut them off as soon as they got outside the wire. Some suspected the jammers didn’t work at all.

The search for a solution continued. Several research teams tried employing lasers, microwaves and other high-energy devices to disarm or explode IEDs from a safe distance. One exciting invention, an unmanned vehicle dubbed the Joint IED Neutralizer (JIN), used tesla coils generating a half-million volts to detonate blasting caps, but it proved effective from a distance only when the caps were above ground. When dealing with a buried IED, the JIN had to close within 3 feet to trigger a blast, which in turn destroyed the vehicle itself, at a cost of $800,000 per pop.

It became increasingly clear the coalition’s most efficient method for detecting IEDs was a well-trained, alert soldier who repeatedly traveled the same supply route and noticed changes in the environment. Troops sarcastically referred to this technology as the “Mark 1 Human Eyeball.”

U.S Marines guard IEDs unearthed in 2004 from the roadside in the Iraqi town of Falluja. Such are the faceless enemies the Pentagon continues to target. (Shamil Zhumatov/Reuters)

As IED casualties mounted, a new argument emerged about the definition of combat itself. Service members headed home wearing Purple Hearts for wounds suffered in IED attacks, but they weren’t authorized to wear their service’s Combat Action Ribbon or Badge. According to military directives, since these incidents didn’t involve direct personal contact with an enemy, they weren’t considered combat. Officers on the ground started a quiet campaign to change the rules. A June 2005 memo by Marines in Anbar Province argued, “To state that the Marines who encounter this new form of enemy action have not experienced ‘combat action’ is to interpret the award based on an old definition of combat and would deny the Marines who have performed their duties honorably in the face of this new faceless enemy the distinction of being formally recognized with the Combat Action Ribbon.” Within a year the Marines authorized IED victims to wear the CAR, retroactive to fall 2001, and in 2008 the Army did the same for the CAB.

That debate paralleled a major shift in roles for servicewomen. The injury, capture and rescue of Army Pfc. Jessica Lynch during the invasion epitomized a problem that expanded with the insurgency. Though officially women were barred from serving in combat, they were being asked to go outside the wire, not only to drive convoys, but also to search and interrogate Iraqi women and fill other roles necessary in a gender-segregated Muslim society. Since any trip off base invited contact with the enemy, by the military’s new definition women fueron regularly engaging in combat. Bringing the law in line with the reality on the ground, Secretary of Defense Leon Panetta eventually lifted the ban on women in combat 10 years after the Iraq invasion.

In late 2005 Pentagon leaders finally admitted they could find no magic bullet to defeat IEDs. No amount of jamming or armor would stop them completely, and killing insurgents who emplaced or detonated the bombs wasn’t putting a dent in the threat. Instead coalition forces would take the fight “left of boom”—that is, before an explosion—by interrupting supply chains and arresting the bombs’ clandestine manufacturers. As part of a broader counterinsurgency program, the Pentagon expanded its anti-IED task force, creating the Joint IED Defeat Organization with a mandate to confront “the entire IED system.” JIEDDO marked an important shift from reactive stopgaps to strategic planning. Retired Gen. Montgomery Meigs took the helm and declared it his goal to “defeat IEDs as weapons of strategic influence,” not to defeat every IED. The difference in approach was huge. Focusing on IEDs as a tool of influence, Meigs sought to loosen insurgents’ strategic hold on the Iraqi population. With a nearly $4 billion budget for 2006, Meigs funded three lines of operation: defeat the device through armor, jamming and other countermeasures attack the network that funded and built IEDs and train troops on the ground in a range of anti-IED techniques. Since renamed the Joint Improvised-Threat Defeat Organization, the group continues to pursue the same three-pronged mission. IEDs are here to stay. MH

Paul X. Rutz is an artist, freelance writer and former Navy officer. For further reading he recommends The Long Walk: A Story of War and the Life That Follows, by Brian Castner, and “Left of Boom: The Struggle to Defeat Roadside Bombs,” a 2007 four-part series in the El Washington Post, de Rick Atkinson.


Counter-IED Efforts [ edit | editar fuente]

A U.S. Marine in Iraq shown with a robot used for disposal of buried devices

Israeli IDF Caterpillar D9 armored bulldozer, which is used by the IDF Combat Engineering Corps for clearing heavy belly charges and booby-trapped buildings and other civilian buildings.

Counter-IED efforts are done primarily by military, law enforcement, diplomatic, financial, and intelligence communities and involve a comprehensive approach to countering the threat networks that employ IEDs, not just efforts to defeat the devices themselves.

Detection and disarmament [ edit | editar fuente]

Because the components of these devices are being used in a manner not intended by their manufacturer, and because the method of producing the explosion is limited only by the science and imagination of the perpetrator, it is not possible to follow a step-by-step guide to detetect and disarm a device that an individual has only recently developed. As such, explosive ordnance disposal (IEDD) operators must be able to fall back on their extensive knowledge of the first principles of explosives and ammunition, to try and deduce what the perpetrator has done, and only then to render it safe and dispose of or exploit the device. Beyond this, as the stakes increase and IEDs are emplaced not only to achieve the direct effect, but to deliberately target IEDD operators and cordon personnel, the IEDD operator needs to have a deep understanding of tactics to ensure he is neither setting up any of his team or the cordon troops for an attack, nor walking into one himself. The presence of chemical, biological, radiological, or nuclear (CBRN) material in an IED requires additional precautions. As with other missions, the EOD operator provides the area commander with an assessment of the situation and of support needed to complete the mission.

Military forces and law enforcement personnel from around the world have developed a number of render safe procedures (RSP) to deal with IEDs. RSPs may be developed as a result of direct experience with devices or by applied research designed to counter the threat. The supposed effectiveness of IED jamming systems, including vehicle- and personally mounted systems, has caused IED technology to essentially regress to command-wire detonation methods. ⏃] These are physical connections between the detonator and explosive device and cannot be jammed. However, these types of IEDs are more difficult to emplace quickly, and are more readily detected.

Military forces from India, Canada, United Kingdom, Israel, Spain and the United States are at the forefront of counter-IED efforts, as all have direct experience in dealing with IEDs used against them in conflict or terrorist attacks. From the research and development side, programs such as the new Canadian Unmanned Systems Challenge, will bring students groups together to invent an unmanned device to both locate IEDs and pinpoint the insurgents. ⏄]

Technological countermeasures are only part of the solution in the effort to defeat IEDs experience, training, and awareness remain key factors in combating them. For example, there are visual signs that may suggest the presence of an IED, such as recently turned-over soil or sand by a road, or an abandoned vehicle beside a road. Recognizing these telltale signs may be as valuable as having sophisticated detection equipment.


Ver el vídeo: TERRORISTA EXPLOTA VEHICULO MILITAR A BASE MILITAR AFGANA (Junio 2022).


Comentarios:

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